Qué es el Plasma: la corriente vital que nos conecta con todo
¿Sabías que el mismo estado de la materia que forma el fuego de una vela también corre por tus venas?
Hoy quiero llevarte de la mano a explorar el plasma desde una mirada que va más allá de los libros de física. Porque cuando entendemos qué es realmente, empezamos a comprender por qué las orgonitas son algo más que bonitos objetos.
Empecemos por lo básico: ¿qué es el plasma?
Si cerramos los ojos y pensamos en los estados de la materia, casi todos recordamos el sólido, el líquido y el gaseoso. Pero hay un cuarto estado, menos conocido y sin embargo el más abundante en el universo visible: el plasma. Su nombre viene del griego plásma, que significa «formado» o «moldeado», y no es casualidad: el plasma es materia que ha recibido tanta energía que sus átomos pierden electrones, convirtiéndose en una sopa de partículas cargadas que se comporta de forma muy especial.
Quizá te suene de las clases de ciencias, pero lo bonito empieza cuando descubrimos que ese mismo principio físico está presente en el fuego de una hoguera, en el resplandor de una estrella, en los relámpagos de una tormenta… y también en nuestro propio cuerpo. Porque el plasma sanguíneo es la parte líquida de nuestra sangre, y es el vehículo que transporta nutrientes, hormonas y oxígeno a cada célula.
“El plasma es el estado de la materia que mejor nos recuerda que estamos hechos de lo mismo que las estrellas.”
Características del plasma: mucho más que un gas
Para que lo visualices mejor, el plasma tiene tres superpoderes que lo diferencian del resto de estados:
- Conduce la electricidad como un cable perfecto. Por eso las luces de neón o los rayos funcionan como funcionan.
- Responde a los campos magnéticos de forma espectacular: se deforma, se mueve y se deja guiar por ellos.
- Necesita energía para mantenerse (calor o electricidad), y cuando esa energía cesa, vuelve al estado gaseoso.
Pero además, dentro del mundo del plasma existen dos grandes familias. El plasma frío es el que usamos en tecnología cotidiana: pantallas, lámparas fluorescentes, incluso algunos purificadores de aire. Es seguro, manejable y está a nuestro alrededor sin que apenas lo notemos. El plasma caliente, en cambio, es el de las estrellas, el de los rayos y el del fuego más intenso. Es el que nos recuerda que la energía, cuando se concentra, tiene un poder transformador inmenso.
El plasma que llevamos dentro: tu río de vida
Aquí es donde la cosa se pone emocionante para mí. Porque cuando hablamos de plasma desde una perspectiva corporal y energética, el plasma sanguíneo se convierte en el protagonista. Ese líquido amarillento que compone más de la mitad de nuestra sangre no es solo un «vehículo de transporte»: es un mensajero en tiempo real de nuestro estado físico y emocional.
¿Has notado cómo cambia tu cuerpo cuando estás nervioso, feliz o cansado? Esa información viaja por el plasma sanguíneo. Y como nuestro cuerpo es aproximadamente un 70% agua, y el plasma es mayoritariamente agua con proteínas, sales y nutrientes, estamos ante un sistema que responde al entorno energético de forma inmediata. La calidad del agua que bebemos, las ondas electromagnéticas que nos rodean, incluso las emociones de las personas con las que convivimos… todo eso se refleja en nuestro plasma interno.
El agua, el gran puente entre el cielo y nuestro interior
Me encanta pensar en el agua como el eslabón perdido que une el plasma cósmico con el plasma humano. El agua es el único elemento que puede presentarse en los tres estados básicos (sólido, líquido y gaseoso) con facilidad, y además es el mejor conductor de información energética que conocemos. Por eso, cuando hablamos de orgonitas y de cómo actúan, siempre pongo el foco en el agua: porque una orgonita bien hecha puede ayudar a que las moléculas de agua de tu entorno y de tu cuerpo recuperen su coherencia.
Y es que el plasma, visto desde una mirada más amplia, no es solo un estado físico: es una matriz viva que almacena información, que responde a la intención y que actúa como un puente entre lo que vemos y lo que sentimos. En las tradiciones orientales lo llaman Chi o Prana; en la cultura hindú, Shakti; y en el trabajo de Wilhelm Reich, lo conocemos como Orgon. Todas ellas hablan de lo mismo: una energía sutil, inteligente y moldeable que está en todas partes.
El agua nos conecta con el universo, y las orgonitas la ayudan
a mantener su armonía.
¿Y qué tienen que ver las orgonitas con todo esto?
Aquí llega la parte que más me apasiona. Las orgonitas son herramientas que captan, reorganizan y estructuran esa energía plasmática para que nuestro entorno y nuestro cuerpo estén más equilibrados. No son «máquinas mágicas», sino resonadores que ayudan a que la corriente vital fluya de forma más armónica. Y lo hacen de varias maneras:
- Neutralizando geopatías como las líneas Hartmann o Curry, que son corrientes telúricas que pueden desgastarnos sin que lo notemos.
- Estabilizando las moléculas de agua en nuestro entorno y en nuestro organismo, favoreciendo una mejor comunicación celular.
- Actuando como pequeñas máquinas radiónicas que puedes programar con tu intención para apoyar un objetivo concreto: descanso, claridad mental, protección emocional…
Por eso, en mis creaciones, a veces incorporo aceleradores de plasma (como pequeñas antenas o espirales) que potencian ese flujo y lo hacen más efectivo. No porque la orgonita básica no funcione, sino porque cada persona y cada espacio tienen necesidades distintas, y me gusta ofrecer herramientas versátiles.
Un pequeño viaje a las raíces de esta sabiduría
No es nuevo esto de trabajar con el plasma o con la energía vital. Nuestros antepasados ya conocían estos flujos, aunque los nombraran de otra manera. En la medicina tradicional china, el Chi recorre meridianos; en la india, el Prana fluye por los nadis; y en el trabajo de pioneros como Wilhelm Reich o Nikola Tesla, encontramos las bases científicas de lo que hoy llamamos energía orgónica. Todos ellos, desde distintos ángulos, nos hablan de un océano de vida que nos atraviesa y nos conecta.
Y esa es precisamente la magia que me mueve a crear cada orgonita: saber que estoy poniendo un pequeño faro en medio de ese océano, para que tú puedas navegar con más calma y claridad.
Para seguir profundizando…
Si esta entrada te ha despertado curiosidad, te invito a dar un paso más y leer estos artículos que he preparado con el mismo cariño:
- ¿Qué es el Orgon? La energía que todo lo impregna
- Orgonitas: qué son y cuáles son sus beneficios reales
- El software de las orgonitas: cómo programarlas con tu intención
Hasta pronto
Mari Carmen






